domingo, 11 de enero de 2026

DESPACIO


Al séptimo descansó 

Vivir acelerados es el juego preferido del YO en la mente.

Correr tal vez era la actividad más valiosa, en la época de las cavernas y los cavernicolas, para sobrevivir. El que paraba dejaba de vivir porque moría.

Y, tal vez, este principio es el que arraiga en nuestra bioprogramacion por diseño que nos parece muy natural y lógico estar ocupados y, mejor aún, muy ocupados.

¿No tienes que hacer nada? La pregunta de la madre, la profesora y el jefe que luego repetimos como padres, maestros y jefes de otros.

La lentitud es descalificada pese a que en la fábula la tortuga ganó a la liebre. Y alguno dirá que era lógico porque la tortuga nunca paró, ni descansó.

Y así es, la tortuga nunca paró, ni descansó, con su ritmo lento y pausado consiguió llegar antes a la meta. Ergo, no es la velocidad, es el constante y permanente esfuerzo acomodado a nuestra naturaleza de tortuga.

Y nuestra naturaleza de tortuga es la que nos falta asimilar en nuestras vidas. Aunque algunos ya lo tienen claro con la expresión:"Yo a mi ritmo"

A mi ritmo. A tu ritmo. Aplicar a nuestra vida diaria el ritmo es considerar cuál es el ritmo de la vida para cada uno y alinearse con él.

Alinearse con el ritmo vital personal es toda una ciencia de observación sin juicio para no dejarse arrastrar por el de otros.

El mismo Creador descansó al séptimo día. Si paró. Para contemplar su obra. Esta manera de describir la Sabiduría Ancestral es una maravilla que hoy pocos entienden. 

El domingo es para muchos ya un día más. La semana tiene siete días iguales de no parar.

Que la Neurociencia exprese con claridad los beneficios del "domingo" en nuestras aceleradas vidas parece que no es suficiente razón.

Así, razón y mandato divino no sirven frente a una máquina diseñada para no parar en busca de sus metas y objetivos.

Y enfrente está quien entendió que si hay que parar se para y para siempre. De eso hablaremos otro día.

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